
Pensar en mujeres que hicieron historia en Tigre, es tal vez olvidarnos de algunas que desde el anonimato engrandecieron nuestro suelo.
Desde mujeres de los pueblos originarios, pasando por aquellas que tuvieron trascendencia en diferentes ámbitos, rendimos homenaje a todas las que diariamente cumplen con la maravillosa función de ser “mujer”.
Pensamos en aquellas mujeres panaderas que se revelaron en 1744, en Concepción Arizmendi, esposa de Martín José Goyechea que quedó sola, luego que su esposo fue desterrado en 1810 o en Ña María, la carretera de los primeros transportes a Buenos Aires.
Recordamos a damas distinguidas y progresistas como Magdalena Bonelos que construía casas para alquilar o a Inés Mercedes de Anchorena de Cobo, dueña de la casa que luego fue sede del Club Atlético Tigre o a Aureliana Sacriste, esposa de Daniel María Cazón, benefactora, protectora de pobres y desamparados y defensora de la educación del pueblo.
Nos acordamos de Emma de Strange, misionera venida de Australia, quien fue apoyo social para la comunidad isleña.
Mujeres que formaron comisiones con fines definidos para construir la iglesia o crear el hospital: Josefa Cobos, Etelmira Ocampo de Tejedor, Carmen de Lawson, Ángela de Milberg, Paula de Rocha, Adela de Udaondo Catalina Romero, Mercedes Alcorta, Pascuala del Campo, Delfina Vedia de Mitre. Federica Mayer, una alemana que en 1886 fue precursora de los recreos del delta.
Éstas y muchas más hicieron grande Tigre.
Las madres, las médicas, las maestras, las abogadas, arquitectas, empresarias, empleadas, obreras, domésticas, artesanas, artistas, deportistas…
Las que luchan diariamente, las que brillan, las dulces, las sutiles, las sufridas, las olvidadas. Las que tienen un día para celebrar y deberían tener 365 para brindar: amor, ternura, belleza, inteligencia, solidaridad y esfuerzo.
A todas, este 8 de marzo: ¡Muy feliz día! Y un año venturoso para el bien de la humanidad.
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